Una reflexión sobre el pasado reciente

REFORMA DEL ESTADO Y PRIVATIZACIONES EN LOS '90

El objetivo de esta reflexión en voz alta es pensar las reformas del Estado y las privatizaciones diseñadas en los 90 y el impacto que produjo en la sociedad civil.

 

Voy a comenzar hablando de lo que sucedió en el ámbito más cercano, que es el de mi familia, amigos y compañeros de trabajo.

Desde un punto de vista "egoísta" llegamos a la conclusión que no fuimos tan afectados negativamente por la política de reformas del Estado y las privatizaciones.

En lo grupal, quizás por la buena relación política que mantuvo el gremio al que pertenezco con el gobierno nacional, no hubo despidos masivos en la administración pública de la Ciudad de Buenos Aires, como sí ocurrió en el Estado Nacional y en los organismos descentralizados estatales.

De mis amigos, casi ninguno sufrió -por la posición en la producción económica que ocupan, algunos de ellos son cuentapropistas del área servicios)- un deterioro importante en sus ingresos. También contribuyó el poseer vivienda propia, por lo que no hubo una merma sustancial en concepto de pago de alquileres, y en ciertos casos, el aporte al ingresosfamiliar, de la cónyuge o un hijo.

También debo reconocer que nosotros (amigos, conocidos y familia) siempre tuvimos más de un trabajo para completar los ingresos o una actividad adicional a la del trabajo formal, por lo que de a poco, casi sin darnos cuenta, nos fuimos viendo con menor frecuencia y que las viviendas de los barrios en los que viví durante los 90 (San Cristóbal, Floresta, Almagro),todos ellos ubicados en la Ciudad de Buenos Aires, se fueron deteriorando.

Como expresó un compañero docente, también recuerdo la impotencia, la bronca y la angustia que sentía al "ver a tantos compatriotas estar a favor de todo este discurso y contentarse".

En las relaciones interpersonales se notaba que había demasiado vacío, egoísmo y desapego a los valores humanos y aclaro que no me estoy refiriendo a las relaciones que se dan entre personas, orientadas hacia fines prácticos.

En lo social, percibí por mi actividad como periodista y militante político y social, la reducción del empleo, la flexibilización laboral, la polarización social y la brecha entre los ingresos, a partir del diálogo con trabajadores, desocupados, sindicalistas y sujetos colectivos.

Un hecho alarmante fue comenzar a ver los efectos del desempleo sobre las psiquis de las personas (Mannheim le dedicó mucha reflexión a la problemática) donde lo peor reside en la devastación del "plan de vida", la posibilidad de proyectar un futuro a partir de un piso estable (empleo seguro y condiciones de vida dignas), de darle sentido al mañana. Cuando la incertidumbre impregna la visión de un futuro, el psiquismo humano genera pesadillas que conducen a la autodestrucción.

Y esto fue lo más terrible de la segunda década infame: el desmembramiento de la persona, de la familia, del tejido social. Salvo casos muy particulares y honrosos, no hubo en que o en quien depositar alguna esperanza: organización, dirigente, prácticas o valores en circulación.

En lo personal y desde una mirada política-ideológica siempre me opuse a cualquier experiencia privatizadora y de reforma del Estado con sentido liberal. Desde que tengo uso de memoria, bregué por un Estado fuerte, árbitro de los conflictos entre los sectores sociales organizados y promotor del desarrollo económico, en el marco de una democracia plena: el Estado Social.

Por eso en 1989 voté a Menem, porque levantaba un programa nacionalista en lo económico-cultural. Y a fines de ese año, me sentí, como muchos miles de argentinos, traicionado.

No puedo dejar de reconocer unos pocos logros, que al lado del daño enorme que causaron las políticas neoliberales en la Argentina y la región, son como gotas en un mar de iniquidad: el esfuerzo por convertir a la DGI y otros organismos de recaudación en herramientas eficaces, la aplicación de nuevas tecnologías en la gestión administrativa y la tendenciahacia la descentralización.

Pero el balance que realizo del proceso iniciado a fines de los 80 (afortunadamente enterrado en diciembre de 2001) y que fue una continuidad de los objetivos del Proceso de Reorganización Nacional, es totalmente negativo para los intereses del pueblo y de la Nación, por las razones que enumero:

1) La desnacionalización de la economía a partir de la apertura indiscriminada a los productos extranjeros.

2) La destrucción o reducción a la mínima expresión de las herramientas del Estado para regular el mercado o imponer condiciones a los actores privados como YPF, la Superintendencia de Seguros, Banco Central, entre otros.

3) Las privatizaciones que transfirieron al control de multinacionales, recursos estratégicos como las comunicaciones, el agua y la energía.

4) La no participación del Estado en inversiones propias en el desarrollo energético, de la defensa nacional, en las nuevas tecnologías.

5) La política exterior subordinada a los intereses de los EE. UU.

6) La política desmalvinizadora.

7) El vaciamiento doctrinario a partir del contrabandismo ideológico en el movimiento justicialista, donde los contenidos socializantes y nacionales fueron reemplazados por concepciones insolidarias y extranjerizantes.

8) El debilitamiento intencional de la CGT y de las organizaciones sindicales y sociales en general.

Toda estos hechos, nacidos de una concepción ideológica, que encubría intereses reales, concretos, llevó a la denominada "crisis de representación", a la desmovilización y el desencanto de los sectores populares con la política, entendida como construcción del bien común.

Muchos militantes, entre los que me incluyo, se fueron a sus casas. Otros se apartaron de lo político para transitar por experiencias solidarias de tipo asistencialistas, perdiendo la visión estratégica general. Unos y otros dejamos en manos de saqueadores, trepadores y oportunistas de todos los colores el espacio de la política.

En lo económico-social se produjo un fenómeno que caracterizo como de verdadero cataclismo: la destrucción de millones de puestos de trabajo, con la consiguiente exclusión social, el desmembramiento familiar y de las redes sociales, la emigración hacia el extranjero de aquellos que podían solventarse la salida del país, el crecimiento de la pobreza y la indigencia y la ampliación de la brecha en los ingresos: en 1974, casi un 80 % de la población pertenecía a los sectores medio-alto y medio pleno.

Casi treinta años después sólo un 30 % puede englobarse en estos estratos. Un 60 % de los pobres, más de 3 millones de personas, proviene de los distintos segmentos que constituían la clase media.

Otro de los males originados en la aplicación de políticas neoliberales es el clientelismo político, cuyo desmantelamiento llevará años.

Dos aspectos paradigmáticos: la escuela pública cambió de rol, pasó de ser pedagoga a contenedora, en tanto la seguridad social fue campo de batalla de los mercaderes de las prepagas, con funcionarios públicos y sindicalistas complacientes para armar el esquema desregulatorio privatista que rige en el "mercado" de la salud y regía hasta hace unos meses, la previsión social.

 

El poder económico, que se ha globalizado, es inmenso.

No ha ocurrido lo mismo con la globalización de la solidaridad, que avanza lentamente de la mano de iniciativas como el Foro Social Mundial, de la unidad de las centrales obreras y de las organizaciones sociales a escala internacional.

Respecto al rol de las ONGS, entiendo que muchas cumplen un papel loable, pero otras ocultan sus verdaderos fines y son instrumentos de organismos o grupos multinacionales con intereses antagónicos con la soberanía de los países.

A nivel cotidiano, muchos militantes de partidos populares percibieron el avance de la insolidaridad y el individualismo a mediados de los 90, reagrupando como se podía desde una estrategia defensiva, de resistencia al modelo.

En ese contexto volvieron a tomar protagonismo los sindicatos nucleados en el MTA y la central alternativa CTA, dada la claudicación de muchos dirigentes de la CGT que fueron cómplices o funcionales al modelo.

La emergencia de los movimientos piqueteros abrieron espacios de resistencia y secundariamente, de organización y contención de los desposeídos.

Un dato insoslayable fue la lucha de docentes y estatales: la Carpa Blanca fue un símbolo de resistencia que de reunió a diversos sectores sociales, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas.

Para terminar esta descripción, que deja afuera una cantidad enorme de cuestiones, me parece relevante mencionar que el menemato asentó su dominación básica a través del consenso ciudadano y no por la voluntad de un dictador.

Es decir que fueron 10 años en que una gran parte de las víctimas del modelo (ya en 1994 estaba demostrado que era altamente excluyente en lo social y no satisfacía las demandas de nivel de vida), siguió apoyando a quien fueron sus verdugos: el bloque dominante del que Menem fue mascarón de proa.

La posibilidad de vertebrar un movimiento opositor al capitalismo salvaje está de nuevo en alza en tanto plantee soluciones nacionales y no estrictamente de clase, aún cuando siguen siendo los trabajadores y sus organizaciones, a mi entender, los principales actores de la defensa del Estado-Nación junto a los pequeños y medianos industriales, el campesinado, el movimiento cooperativo y sectores de la Iglesia.

Un 11 de agosto de 1990, Carlos Menem había dicho en la Sociedad Rural Argentina que la columna vertebral del desarrollo nacional era el campo, metáfora que, afortunadamente, es interpelada desde el gobierno nacional actual y por importantes sectores de la sociedad argentina.

 

MARCELO SPERANZA